El discipulado cristiano implica crecer en la fe mediante un compromiso constante con la Palabra de Dios, dedicar tiempo a la oración y participar activamente en la comunidad y la comunión, así como servir a los demás. Los pasos esenciales para el crecimiento espiritual incluyen el deseo de una fe más profunda, orar por la guía de Dios, buscar un mentor espiritual, dedicar tiempo diario a las escrituras y practicar activamente el discipulado mentorando a otros a cambio.
El discipulado comienza con la obediencia a los mandamientos de Jesús, que tiene sus raíces en el bautismo y la obediencia. Su llamado significa el inicio de un nuevo viaje; requiere dejar atrás la vida anterior y descubrir una nueva vida dentro de la familia de Dios siguiendo la voluntad del Padre.
Juan 8:31-32 dice: "Entonces dijo Jesús a los judíos que creyeron en él: Si seguís en mi palabra, entonces sois mis discípulos; Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres."
El bautismo es la primera respuesta de obediencia a Jesucristo como Señor. Como se dice en Hechos 2:38, "Cada uno de vosotros debéis arrepentiros de vuestros pecados, volveros a Dios y bautizaros en el nombre de Jesucristo para mostrar que habéis recibido perdón por vuestros pecados." Aunque el bautismo no nos salva, es un acto importante de confesión ante nuestra comunidad y comunión comunal, demostrando nuestro compromiso con Cristo poco después de ser salvos. Como nos recuerda Mateo 10:32: "Todo aquel que me reconoce públicamente aquí en la tierra, también lo reconoceré ante mi Padre que está en los cielos." A través del bautismo, declaramos públicamente nuestra nueva vida en Cristo. Este acto de inmersión en el agua simboliza la muerte, el entierro y la resurrección de Jesús, así como nuestro propio crecimiento espiritual a través de la muerte, el entierro y la resurrección en nuestra nueva vida en Él. Jesús confió la autoridad para bautizar a la iglesia local, por lo que es importante contactar con tu iglesia local para solicitar el bautismo.
El discipulado nos lleva a profundizar nuestra comprensión de Dios y a establecer una sólida base espiritual a través de la lectura de las Escrituras y la oración. Este camino implica el bautismo y la obediencia, así como fomentar la comunidad y la comunión con los demás. La Biblia nos guía y el Espíritu Santo sigue siendo nuestro mejor maestro.
II Timoteo 3:16 afirma: "Toda Escritura es dada por inspiración de Dios, y es provechosa para la doctrina, la reprimenda, la corrección, la instrucción en la justicia: 17 Para que el hombre de Dios sea perfecto, plenamente provisto para todas las buenas obras."
En Juan 15:26 leemos: "Pero cuando venga el Consolador, a quien enviaré a vosotros del Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre..." Además, en Juan 16:7-8, continúa: "Yo te lo enviaré. Y cuando venga, reprenderá al mundo el pecado, la justicia y el juicio." A través de estas enseñanzas, podemos experimentar un profundo crecimiento espiritual.
El discipulado implica un profundo deseo de una relación más cercana con Dios, y un compromiso más profundo con la obediencia a sus mandamientos surge a través de prácticas como el bautismo y la obediencia. A medida que crecemos en comunidad y en comunión, nuestro crecimiento espiritual se nueve. Santiago 4:8 nos recuerda: 'Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.'
El discipulado fomenta la comunidad y la convivencia, lo que conduce al desarrollo de amistades piadosas más profundas con otros creyentes, lo cual es esencial para el crecimiento espiritual. Hechos 2:42 dice: 'Y continuaron firmes en la doctrina y la comunión de los apóstoles, en el compartir el pan y en las oraciones.' El versículo 44 continúa: 'Todos los creyentes estaban juntos y tenían todas las cosas en común', destacando la importancia de la unidad tanto en el bautismo como en la obediencia.
La etapa final del discipulado implica tomar decisiones intencionadas para discipular a otros, fomentando su crecimiento espiritual y ayudándoles a madurar en su fe, cumpliendo así el último mandato de Jesús. Esto incluye la importancia del bautismo y la obediencia mientras enseñamos a otros a observar todo lo que Él ha mandado. A medida que participamos en comunidad y compañerismo, podemos animarnos mutuamente en esta misión. Mateo 28:19 dice: 'Id entonces, y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: 20 Enseñándoles a guardar todo lo que os he ordenado; y he aquí que estoy con vosotros siempre, hasta el fin del mundo. Amén.'
Forma parte de una comunidad y comunión: Únete a una iglesia o a un pequeño grupo para interactuar con otros creyentes y compartir apoyo mutuo. Pasa tiempo diario en la Palabra de Dios: Lee, estudia y memoriza las Escrituras regularmente para profundizar en tu comprensión de la verdad de Dios. Ora de forma constante: Participa en la oración regular, buscando la guía y dirección de Dios para tu vida y para los demás. Busca un mentor y mentoriza a otros: Identifica a alguien que pueda guiarte en tu camino de fe, especialmente en áreas como el bautismo y la obediencia, y estate dispuesto a guiar a otros que sean más nuevos en su fe. Vive tu fe a través del servicio: 'Ve y haz discípulos' compartiendo el Evangelio, sirviendo a los demás y dando generosamente, como parte de tu crecimiento espiritual.